Las redes son cada vez más rápidas, los dispositivos están más conectados y la cantidad de datos que generamos no deja de crecer. Tecnologías como el 5G o el Internet de las Cosas abren nuevas oportunidades para las empresas. Sin embargo, contar con una conectividad más rápida no garantiza, por sí solo, que seamos capaces de aprovechar todo su potencial.
Pensemos, por ejemplo, en una fábrica inteligente donde cientos de sensores recopilan información en tiempo real sobre el funcionamiento de las máquinas. Disponer de una red capaz de transmitir todos esos datos es fundamental, pero ¿qué ocurre después con esa información? , ¿cómo podemos aprovechar todo su potencial? Aquí es donde entra en juego la infraestructura tecnológica.
Durante años, muchas empresas han centralizado buena parte de sus aplicaciones y datos en sus centros de datos o en la nube. Pero, en un entorno cada vez más conectado, este modelo no siempre es el más adecuado. Hay situaciones en las que necesitamos respuestas casi inmediatas y enviar toda la información a una ubicación centralizada puede suponer retrasos innecesarios. Por este motivo, el edge computing está ganando terreno, ya que permite procesar los datos más cerca de donde se generan. En una fábrica, por ejemplo, puede ayudar a detectar anomalías al instante, sin depender de un centro de datos remoto.
Ahora bien, distribuir la capacidad de procesamiento también plantea nuevos retos. Gestionar aplicaciones y datos repartidos entre fábricas, oficinas, centros de datos y distintas nubes puede convertirse en una tarea compleja. Y a mayor complejidad, más difícil resulta garantizar la seguridad, mantener el control y aprovechar los recursos de forma eficiente.
En Nutanix creemos que la respuesta pasa por simplificar esa gestión, con infraestructuras híbridas que permitan ejecutar las aplicaciones donde se necesitan, sin necesidad de administrar cada entorno de forma aislada. Se trata de ofrecer a las empresas la flexibilidad que necesitan para adaptarse a sus necesidades, manteniendo una gestión coherente de sus recursos tecnológicos.
A todo esto se suma la inteligencia artificial. Cruzar los datos procedentes de dispositivos IoT con modelos de IA abre la puerta a soluciones increíbles, que pueden ayudar a anticipar averías antes de que ocurran u optimizar los procesos de producción. Pero, una vez más, para llevar estas soluciones a la práctica hace falta una infraestructura preparada para soportarlas.
Las nuevas redes están transformando la forma en que nos conectamos, pero la verdadera oportunidad para las empresas está en saber aprovechar todo su potencial. Y para conseguirlo, la infraestructura tecnológica tiene un papel tan importante como la propia conectividad.










