El mundo en el que vivimos es una atmósfera compleja de interconexiones y velocidad. La tecnología avanza, evoluciona, se transforma y da lugar a nuevas realidades, nuevas soluciones que deben gestionarse de forma integrada. Las empresas ya no sólo operan con múltiples nubes, pero siguen necesitando automatización y eficiencia, por eso es imprescindible facilitar a las compañías la transición hacia un cloud inteligente.
En la actualidad, cualquier organización funciona con nubes públicas, privadas y Edge, dando lugar a entornos desconectados, sobrecostes y falta de visibilidad. Gartner ya avisó de que el 90% de empresas usarán cloud híbrido en 2027 y que la integración entre nubes será uno de los mayores retos a lo que nos enfrentemos.
El multicloud se ha convertido en nuestro día a día, y para el ecosistema TI, es crucial simplificar esta realidad desde un único plano de control poniendo a disposición de los usuarios plataformas, servicios gestionados y soporte técnico especializado.
La orquestación es la solución ideal, ya que permite el ahorro de costes (los datos indican que entre el 20% y el 30% del gasto en cloud de las corporaciones se desperdicia por falta de control), la automatización de decisiones y la mejora del rendimiento empresarial. En este sentido, tanto las FinOps como las AIOps son herramientas clave capaces de impulsar este cambio, aumentando la capacidad de ahorro de las compañías y su automatización.
¿Pero cuál es la estrategia para sostener esta transición? Seguridad, cumplimiento normativo y soberanía digital.
El uso de la nube influye de manera directa en la continuidad del negocio y en Europa, la regulación es cada vez más exigente en asuntos como la gestión y protección de los datos (tenemos el ejemplo de leyes como la NIS2, la RGPD o la más reciente Ley de la IA que requieren que las empresas tengan conocimiento de la ubicación de su información, quién tiene acceso a ella, de qué forma se protege y, por supuesto, el cumplimiento legal de su sector de actuación). Tener varias nubes “descontroladas” es un lujo que, a día de hoy, nadie debe permitirse y la posibilidad de gestionarlas de manera unificada, favorece la aplicación de políticas de seguridad de forma automática, simplificando los controles, facilitando las auditorías, garantizando la trazabilidad de los datos y reduciendo los errores humanos (que siguen siendo la principal brecha de seguridad de las empresas).
Pero como toda estrategia, la orquestación tiene que tener un sentido, una coherencia y la labor del mayorista, a este respecto, consiste no sólo en ofrecer las soluciones adecuadas a las necesidades reales de sus clientes, sino en acompañar siempre el proceso, asegurar el soporte experto y garantizar seguridad y fiabilidad.










