Entrevista
17 junio 2026

«La IA está siendo el mayor acelerador que hemos visto en años, pero también el mayor generador de confusión»

La IA está siendo el mayor acelerador que hemos visto en años, pero también el mayor generador de confusión. Los datos del crecimiento son espectaculares, pues informes, como del INE, aseguran que la adopción de IA en empresas españolas de más de 10 empleados se ha duplicado en el último año hasta situarse en torno al 21%.

¿Cuáles son los principales desafíos a los que detectáis que se enfrentan vuestros clientes?

El principal desafío sigue siendo la brecha entre lo que la tecnología promete y lo que las organizaciones están realmente preparadas para absorber. Nuestros clientes, tanto empresa privada como administración pública, tienen acceso a herramientas muy potentes, pero aún requieren capacidad interna para gestionarlas. Es decir, existen perfiles técnicos escasos, procesos sin digitalizar y una cultura todavía reacia al cambio. No se trata de una impresión subjetiva, es realmente estructural.

Observamos como los especialistas digitales representan en torno al 3,2% de la mano de obra española, por debajo de la media de la UE y alrededor de un tercio de la población activa carece de competencias digitales básicas. Cuando un cliente quiere abordar el cambio y se da cuenta de que no tiene a quién poner al frente del proyecto, es donde empieza la dependencia real del partner.

Además, también resalta la presión presupuestaria, sobre todo en el sector público, donde los ciclos de compra son lentos y la burocracia complica cualquier adopción ágil. Se requiere modernizar la arquitectura tecnológica y, al mismo tiempo, encajarla en marcos de contratación que no fueron diseñados para la velocidad a la que se mueve hoy la tecnología. Es un equilibrio difícil.

Sin olvidarnos del desafío más subestimado de todos: la ciberseguridad. Cada vez más clientes acuden a nosotros después del incidente, no antes, con ataques que en muchos casos podrían haberse evitado con medidas básicas de higiene digital. La sofisticación de las amenazas ha crecido mucho más rápido que la madurez defensiva de las organizaciones medianas y es un factor que abre una ventana de riesgo que sin duda nos preocupa. La mediana empresa española está en una zona incómoda, pues es lo bastante grande para ser objetivo interesante, pero no lo bastante grande para tener un equipo de seguridad propio. En este punto es donde tenemos que estar.

¿Qué retos y oportunidades está generando la evolución tecnológica —especialmente en ámbitos como la digitalización y la IA?

La IA está siendo el mayor acelerador que hemos visto en años, pero también el mayor generador de confusión. Los datos del crecimiento son espectaculares, pues informes, como del INE, aseguran que la adopción de IA en empresas españolas de más de 10 empleados se ha duplicado en el último año hasta situarse en torno al 21%. Ahora bien, conviene leer esas cifras con cabeza, porque varían mucho según la fuente y la metodología y porque esconden una brecha brutal, y esta es, la penetración ronda el 11% en pymes frente a cerca del 44% en grandes empresas. Es decir, el país que más usa IA a nivel personal en Europa es, a la vez, un país donde la pyme media todavía está mirando desde la barrera. Tengamos en cuenta que España es un país de pymes. Es por eso que, esta contradicción, es exactamente nuestro terreno de juego.

Si ahondamos aún más vemos que el reto de fondo no es tecnológico, es de criterio. Lo vemos a diario, pues clientes que quieren «hacer algo con IA» sin haber definido qué problema quieren solventar. Evidentemente hay mucho interés y bastante inversión en pilotos, pero la tasa de proyectos que llegan a producción y generan impacto medible sigue siendo baja. Ese salto del piloto a la operación es donde se queda atascado el dinero y es precisamente donde un integrador aporta valor real; no vendiendo tecnología, sino ayudando a priorizar casos de uso concretos con retorno medible y a gobernarlos después.

La oportunidad es enorme para quienes sepamos acompañar ese proceso con honestidad. La mayoría de las empresas españolas planea aumentar su inversión en IA este año, y el foco ya no es «si invertir o no» sino «cómo convertir esa inversión en valor». El desafío para nosotros, sinceramente, es el coste de mantener al equipo actualizado en un mercado que se mueve a esta velocidad. Para una empresa de nuestro tamaño, la formación y la actualización constante no son un gasto menor, pero es la única manera de seguir aportando innovación.

¿Cuáles consideras que son hoy las principales tendencias que marcarán el mercado en los próximos años?

Veo tres tendencias claras. La primera es la consolidación del puesto de trabajo como servicio. Todo lo que rodea a Microsoft 365, Copilot, la gestión de dispositivos, la identidad y la seguridad del endpoint está convergiendo hacia modelos de suscripción gestionada, donde el integrador tiene un papel central si sabe ocuparlo. El cliente ya no quiere comprar licencias y apañárselas, sino que busca un servicio que funcione, que esté seguro y que evolucione solo. La segunda es la IA aplicada a procesos reales, no como experimento sino integrada en flujos de trabajo concretos. Las empresas españolas ya usan IA sobre todo para análisis de lenguaje escrito y para automatizar flujos de trabajo y apoyar la toma de decisiones, y ahí es donde está el recorrido inmediato, con soporte, back-office, y en el caso de las AAPP, sin lugar a dudas, la atención al ciudadano. La clave es que 2026 está siendo el año en que la IA pasa de la exploración a la industrialización y eso cambia por completo la conversación con el cliente.

La tercera tendencia, y para mí la más irrenunciable, es la ciberseguridad como capa transversal y continua. Ya no es un proyecto puntual que se cierra y se olvida; es un servicio permanente que cualquier organización mediana necesita externalizar, sencillamente porque no puede permitirse tenerlo en casa. Y a esto se le añade una cuarta dinámica que lo engloba todo y no es otra que la regulación. El marco europeo se va concretando con el EU AI Act, que añade un nivel de cumplimiento que muchas empresas no están teniendo en cuenta desde el principio. Quien integre seguridad y compliance desde el diseño, y no como un parche al final, será quien gane la confianza del cliente. Porque al final de lo que hablamos es de confianza, ya que la tecnología la puede implementar cualquiera, pero la responsabilidad de que funcione y de que no te explote en la cara es lo que de verdad se valora.

¿Qué factores serán clave para empresas y AAPP para mantener la competitividad y el crecimiento?

Para la empresa privada la clave va a estar en la velocidad de adopción con criterio. Las que integren bien la IA en sus operaciones en los próximos dos o tres años tendrán una ventaja competitiva difícil de recuperar para las rezagadas, pues el mercado ya lo está reflejando, con buena parte de las compañías reorientando inversión hacia llevar la IA a producción y demostrar retornos reales. Pero ¡cuidado! La palabra velocidad no significa precipitación. He visto más dinero perdido por correr sin rumbo que por ir despacio. El factor diferencial será la capacidad de elegir bien las batallas, medir resultados y escalar solo lo que funciona.

Para las AAPP el reto es distinto y, en cierto modo, más exigente. Deben modernizar al mismo tiempo sus arquitecturas tecnológicas y sus marcos de contratación, que es como cambiar las ruedas del coche en marcha. Necesitan agilidad sin renunciar a las garantías que el sector público debe ofrecer y eso solo se consigue con partners que entiendan de verdad cómo funciona el sector público.

Sin embargo, donde coinciden ambos mundos es en dos cosas. La primera es el talento, hay que tener en cuenta que solo en torno al 17% de los trabajadores de las pymes recibe formación y España está lejos de los niveles de especialistas TIC que necesita para afrontar la transformación digital. Sin personas formadas, la mejor tecnología se queda en el cajón. La segunda se orienta a la necesidad de ir a partners de confianza. Nadie hace esta transformación solo. La figura del integrador que conoce bien al cliente, que tiene continuidad en la relación y que sabe orquestar un ecosistema de fabricantes y servicios va a ser más relevante que nunca. No como proveedor que entrega y no hace más, sino como acompañante a largo plazo. Eso, al menos, es lo que estamos viendo desde Compusof, y es la apuesta sobre la que estamos construyendo.

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Moisés Camarero
Grupo Compusof
CEO

Asociación @aslan
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