Desde la alta dirección, ¿cuáles son los principales retos de negocio de vuestra organización y qué papel juegan las TIC para abordarlos con éxito?
Nuestro reto nos lo marcan nuestros clientes, ellos son nuestra obsesión. Ya sea en el ámbito del hogar o en la movilidad, ya sea un cliente particular, profesional o una empresa, tenemos claro que debemos adaptarnos a las necesidades energéticas de nuestros clientes … y si queremos satisfacerlos, deberemos ir más allá de la energía.
¿Qué rol tiene la tecnología? Llámalo palanca, habilitador,… tenemos claro que nos hace ser más competitivos y eso nuestros clientes lo valoran. La digitalización y la inteligencia artificial nos están ayudando a transformar la compañía desde dentro, a tomar mejores decisiones, a operar con más eficiencia y anticiparnos a las necesidades de nuestros clientes.
Nos permiten optimizar operaciones industriales, mejorar la eficiencia energética, personalizar la relación con los clientes o tomar decisiones basadas en datos en todos los ámbitos. Tenemos casos de uso en ámbitos industriales, comerciales, corporativos y de cliente: desde la optimización de activos y procesos hasta la personalización de productos y servicios.
Para mí lo más importante es hemos logrado extender la cultura digital a toda organización, sabemos que tenemos que evolucionar como compañía y eso no es posible solo con tecnología, sino que viene de la mano del talento de las personas. Para ello hemos formado a miles de empleados en datos, analítica e inteligencia artificial, porque la tecnología solo genera impacto real cuando se integra de forma natural en el día a día de los equipos.
¿Cómo estáis incorporando la tecnología en la estrategia de la compañía para mejorar competitividad, eficiencia operativa, relación con clientes o nuevos modelos de negocio?
La tecnología está incorporada en nuestra estrategia de forma muy práctica: empezamos siempre por el reto, por una necesidad concreta de negocio y, a partir de ahí, identificamos cómo los datos, la inteligencia artificial o la automatización pueden ayudarnos a resolverlo mejor. Empezar por el reto nos permite valorar el impacto que nos ayuda a identificar y aplicar una tecnología y a priorizar dónde poner los recursos, dónde invertir… si no lo hiciéramos tendríamos miles de iniciativas y no sabríamos si estaríamos priorizando los recursos (que siempre son finitos).
No se trata de digitalizar por digitalizar, sino de aplicar la tecnología allí donde aporta valor medible: eficiencia, productividad, descarbonización, seguridad, calidad de servicio o mejor experiencia de cliente.
En Cliente, por ejemplo, la digitalización nos permite avanzar hacia una relación mucho más personalizada, sencilla y útil con nuestros clientes. Un caso muy claro es el uso de modelos predictivos para mejorar la gestión de pedidos en estaciones de servicio, optimizando inventarios, reduciendo desabastecimientos y ayudando a los equipos a dedicar menos tiempo a tareas repetitivas y más a atender mejor al cliente.
También estamos incorporando IA generativa y sistemas de agentes de IA para reinventar procesos (por ejemplo, como generamos las campañas de marketing), mejorar la productividad, etc… Para nosotros, la competitividad futura va a depender mucho de esa capacidad de combinar tecnología, conocimiento del cliente y talento interno.
En un contexto marcado por la IA, la digitalización y la incertidumbre geopolítica, ¿qué capacidades son clave para seguir creciendo de forma sostenible y resiliente?
En un entorno tan volátil y cambiante, la primera capacidad clave es la adaptabilidad. La velocidad a la que evolucionan tecnologías, como la inteligencia artificial, nos obliga a aprender, probar y escalar con agilidad, pero también con responsabilidad. En Repsol llevamos años trabajando en esta dirección, primero con la digitalización y el dato, después con la IA generativa y ahora con nuevas aproximaciones como la agentificación. Lo realmente importante no es solo adoptar la última tecnología, sino saber integrarla en procesos reales, con objetivos de negocio claros y con una gobernanza adecuada.
La segunda es el talento: vamos a necesitar profesionales con capacidades digitales, pero también con criterio, sentido crítico, visión de negocio y capacidad de colaboración. Por eso damos tanta importancia a la formación, al upskilling y al reskilling: queremos que las personas sean protagonistas de la transformación, no espectadoras.
Y la tercera capacidad es la colaboración. Desde IndesIA defendemos precisamente que la IA debe ser una palanca para fortalecer la industria y el tejido empresarial, especialmente si somos capaces de trabajar en ecosistemas abiertos, con empresas, instituciones, universidades y pymes. En un mundo tan cambiante e inestable, crecer de forma resiliente exige tecnología, por supuesto, pero también propósito, talento y alianzas.

