Ni las personas ni la inteligencia artificial por sí solas serán las protagonistas del futuro del trabajo.
La ventaja competitiva estará en quienes sepan combinar ambas capacidades para adaptarse a un entorno cada vez más dinámico, tecnológico y exigente. Esta fue una de las principales conclusiones del
IV Encuentro anual de Directores de Talento y RRHH, organizado por la Asociación @aslan.
Durante la jornada, expertos en gestión del talento, inclusión e inteligencia artificial analizaron cómo están evolucionando las competencias profesionales y qué papel desempeñarán aspectos como el reskilling, la neurodiversidad y la ética en la construcción de los equipos del futuro.
El trabajador centauro: cuando la tecnología amplifica las capacidades humanas
Uno de los conceptos que protagonizó el encuentro fue el del “trabajador centauro”, una figura que representa la combinación entre las capacidades humanas y el potencial de la inteligencia artificial. Lejos de plantear la IA como una amenaza o un sustituto, los participantes defendieron una visión en la que la tecnología actúa como una herramienta capaz de potenciar las habilidades de las personas.
En este contexto, la diferencia ya no estará únicamente en los conocimientos técnicos o en la experiencia acumulada, sino en la capacidad para adaptarse, aprender y utilizar la tecnología como una extensión de las propias capacidades. La actitud, la curiosidad y el pensamiento crítico emergen así como factores cada vez más determinantes para desenvolverse en entornos marcados por la automatización.
Los expertos coincidieron en que existen competencias que seguirán siendo difícilmente reemplazables por la tecnología:
Creatividad y capacidad de innovación.
Empatía e inteligencia emocional.
Pensamiento crítico y resolución de problemas complejos.
Liderazgo y capacidad de influencia.
Interacción social y construcción de relaciones.
La IA democratiza las capacidades y acelera el reskilling
La irrupción de la inteligencia artificial también está transformando la forma en que las organizaciones desarrollan y adquieren talento. Una de las principales conclusiones del encuentro fue que la tecnología está reduciendo barreras de acceso a capacidades que hasta hace poco estaban reservadas a perfiles altamente especializados.
La posibilidad de interactuar con sistemas capaces de generar código, analizar información o resolver tareas complejas está difuminando las fronteras tradicionales entre perfiles técnicos y no técnicos. Como consecuencia, cada vez resulta más importante la capacidad de formular las preguntas adecuadas, interpretar resultados y aplicar el conocimiento al contexto específico de cada organización.
Esta evolución cobra especial relevancia en un momento en el que, según los datos compartidos durante el encuentro, cerca del 70% de las competencias demandadas actualmente por las empresas no existían hace apenas cinco años. Ante esta realidad, el reskilling deja de ser una iniciativa puntual para convertirse en una necesidad permanente.
La IA también está impulsando nuevas formas de aprendizaje:
Formación personalizada adaptada al ritmo y estilo de cada profesional.
Procesos de onboarding y capacitación significativamente más rápidos.
Acceso a sectores tecnológicos por parte de perfiles sin experiencia previa.
Identificación más precisa de necesidades formativas y brechas de conocimiento.
Inclusión y neurodiversidad: una oportunidad para las organizaciones
La conversación también puso el foco en el valor que aportan los perfiles diversos en un entorno cada vez más influido por la inteligencia artificial. Lejos de considerarse una cuestión exclusivamente social, la inclusión fue presentada como una auténtica palanca para acceder a talento diferencial.
Los participantes destacaron que perfiles con autismo, TDAH, dislexia u otras condiciones neurodivergentes pueden aportar perspectivas distintas, capacidades de análisis poco convencionales y formas de pensamiento especialmente valiosas para la innovación y la resolución de problemas complejos. Precisamente aquellas características que permiten cuestionar lo establecido y explorar caminos alternativos adquieren un valor creciente en organizaciones que buscan diferenciarse.
La tecnología puede desempeñar además un papel clave para eliminar barreras y facilitar la incorporación de personas con discapacidad a sectores de alto valor añadido. Herramientas basadas en IA permiten compensar determinadas limitaciones, adaptar los procesos de aprendizaje y facilitar el acceso a ámbitos como la ciberseguridad, la analítica de datos o los entornos cloud.
La conclusión compartida por los expertos fue clara: la diversidad cognitiva no debe entenderse como una excepción que gestionar, sino como una fuente de talento que las organizaciones deben aprender a identificar, desarrollar e integrar.
El reto de gobernar la IA sin perder el criterio humano
Junto a las oportunidades, el encuentro también abordó algunos de los riesgos asociados al uso creciente de la inteligencia artificial en los procesos de gestión del talento. Uno de los principales desafíos señalados fue evitar que los sesgos humanos terminen reproduciéndose en los algoritmos y condicionando decisiones relacionadas con la contratación, la promoción o la evaluación de profesionales.
Los expertos alertaron sobre los riesgos de utilizar herramientas que operan como una “caja negra”, donde resulta imposible comprender cómo se ha llegado a una determinada recomendación o decisión. Esta preocupación adquiere especial relevancia en ámbitos sensibles como los recursos humanos, donde la transparencia y la explicabilidad son elementos fundamentales.
Por ello, se defendió la necesidad de combinar las capacidades de la IA con metodologías objetivas, criterios científicos y marcos de gobernanza alineados con las exigencias regulatorias europeas. El cumplimiento del AI Act, la protección de colectivos vulnerables y la supervisión humana de los procesos de decisión fueron identificados como aspectos esenciales para aprovechar el potencial de la tecnología sin comprometer la equidad.
En última instancia, una de las reflexiones más repetidas durante el encuentro fue que la inteligencia artificial puede convertirse en un excelente asistente, pero no en un sustituto del liderazgo. A medida que la tecnología asuma más tareas rutinarias y automatizables, ganarán importancia aquellas capacidades que siguen siendo exclusivamente humanas: inspirar, acompañar, generar confianza y ayudar a otros a desenvolverse en entornos de cambio constante.