La aceleración digital ha dejado de ser una tendencia para convertirse en el proceso que redefine las ventajas competitivas, tanto empresariales como nacionales. Sin embargo, gobernar esa aceleración desde el sector público supone afrontar retos complejos.
Para una entidad como Red.es, con la misión de impulsar la transformación digital de España, gobernar ese proceso significa algo más que desplegar tecnología, significa asegurar que sus beneficios lleguen a todos y que sus riesgos no recaigan sobre los más vulnerables. En este contexto, junto a la incertidumbre internacional, las capacidades que necesitamos construir para crecer de forma sostenible y resiliente son, en esencia, tres. La primera es la ciberseguridad como columna vertebral de la confianza digital; sin ella, ningún ecosistema prospera. La segunda es el talento, atendiendo a la formación, pero también al proceso posterior de retenerlo y atraerlo con proyectos atractivos y con proyección. La tercera, es la capacidad de colaborar con el sector privado sin perder el foco de lo público; de innovar sin abandonar la responsabilidad institucional.
La inteligencia artificial amplifica todo lo anterior, puesto que multiplica capacidades, pero también nos obliga a ser más rigurosos, más éticos y más estratégicos. En nuestro caso, trabajamos para impulsar la competitividad de pymes, autónomos y emprendedores, también para favorecer su internacionalización. Pero también trabajamos en la mejora de los servicios públicos. Por ejemplo, con Kit Digital hemos implementado herramientas de robotización que han logrado reducir el tiempo de tramitación de un expediente de tres horas de media a tres minutos. Un ejemplo que resume lo anterior, puesto que la propuesta se basó en la colaboración con el sector privado, fue diseñado por el talento digital de la entidad y, para su ejecución, nos apoyamos en un uso ético y seguro de la IA. De hecho, somos la primera entidad pública en recibir, por parte de AENOR, el certificado de Compromiso responsable con la IA.
Digitalizar es tomar decisiones que condicionan el modelo de sociedad que queremos construir en un entorno donde las reglas cambian más deprisa que las instituciones. Para la entidad, su eficacia reside de una condición previa: un diseño en origen donde el ciudadano esté en el centro de las preocupaciones y cuya puesta en marcha no produzca nuevas brechas o asimetría en lugar de progreso.

