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08 julio 2026

La estrategia tiene ADN tecnológico

La aceleración tecnológica está transformando la forma en que las organizaciones compiten, innovan y toman decisiones. En este nuevo escenario, la estrategia empresarial y la estrategia tecnológica dejan de ser dos ámbitos separados para convertirse en una única conversación, en la que el liderazgo y la capacidad de adaptación adquieren un papel decisivo, marcando la importancia de la integración entre negocio y tecnología.

La primera edición de los Premios ASLAN a Directivos con ADN Tecnológico reunió a destacados responsables empresariales para reconocer a aquellos líderes que han convertido la tecnología en un elemento estratégico para impulsar la transformación de sus organizaciones. En este contexto, la mesa redonda «Estrategia y tecnología ante los nuevos retos» se convirtió en uno de los momentos centrales de la jornada.

Presentada por Alberto Pascual, presidente de la Asociación @aslan, la sesión contó con la participación del doctor en Economía y analista José María O’Kean, el autor de El liderazgo en la era de la IA, Manuel Monterrubio, y el profesor de Escuelas de Negocio José María de Santiago. Desde perspectivas complementarias, los tres expertos analizaron el impacto que la inteligencia artificial, la convergencia tecnológica y el nuevo contexto económico y geopolítico están teniendo sobre las organizaciones y el ejercicio del liderazgo, destacando la transformación del entorno empresarial.

Lejos de centrarse exclusivamente en las últimas innovaciones tecnológicas, el debate planteó una reflexión mucho más profunda sobre la evolución de la empresa y de quienes la dirigen. Los participantes coincidieron en que la tecnología ha dejado de ser una función de soporte para convertirse en el elemento que define la estrategia, el modelo de negocio y la capacidad de adaptación de las organizaciones en un entorno marcado por el cambio permanente, consolidando su papel como eje estratégico.

La tecnología pasa a formar parte de la estrategia

Durante décadas, la tecnología fue considerada principalmente una herramienta para mejorar la productividad, automatizar procesos y ganar eficiencia. Sin embargo, ese paradigma ha quedado definitivamente atrás. Hoy constituye el núcleo sobre el que se diseñan nuevos modelos de negocio, se generan ventajas competitivas y se construyen las capacidades que determinarán el futuro de las organizaciones, situándose como motor de competitividad.

Esta transformación coincide con el desarrollo de la denominada cuarta revolución industrial, caracterizada no por una única innovación disruptiva, sino por la convergencia de tecnologías como la inteligencia artificial, la robótica, el Internet de las Cosas, la computación en la nube, la realidad inmersiva, la impresión 3D o blockchain. Es precisamente la combinación de todas ellas la que está acelerando un cambio sin precedentes, impulsando una convergencia tecnológica sin precedentes.

En este contexto, José María O’Kean explicó cómo también está cambiando el propio consumidor, cada vez más digital, hiperindividualizado y orientado a la búsqueda de experiencias. Un escenario que obliga a las organizaciones a replantear continuamente sus modelos de negocio y su forma de generar valor, poniendo el foco en la experiencia del cliente.

CEO y CIO: una estrategia compartida

Uno de los mensajes más relevantes de la mesa fue la desaparición de la tradicional separación entre estrategia empresarial y estrategia tecnológica. Ambas dimensiones ya no pueden desarrollarse de forma independiente, sino que deben concebirse conjuntamente desde el origen para responder a un entorno en constante evolución, consolidando una visión estratégica unificada.

Esta nueva realidad exige que el CEO incorpore un verdadero ADN tecnológico. La innovación deja de ser una responsabilidad delegable para convertirse en un elemento inseparable de la estrategia corporativa, integrándose en la conversación diaria de la alta dirección y en la definición de las prioridades del negocio, reforzando el papel del liderazgo tecnológico.

En ese escenario, la relación entre CEO y CIO adquiere una relevancia sin precedentes. Más que una colaboración entre negocio y tecnología, los expertos defendieron la necesidad de una auténtica alianza estratégica capaz de integrar ambas perspectivas en todas las decisiones relevantes de la organización y convertir la tecnología en una fuente permanente de ventaja competitiva, consolidando una alianza estratégica clave.

El CIO como arquitecto del futuro de la organización

Si durante años el CIO fue identificado principalmente como el responsable de la infraestructura tecnológica, ese perfil ha quedado definitivamente superado. Los participantes defendieron la evolución hacia un profesional capaz de orquestar las capacidades digitales de la organización y participar activamente en el diseño de su futuro, asumiendo un rol de arquitecto estratégico.

Su responsabilidad ya no consiste únicamente en garantizar el funcionamiento de los sistemas, sino en ayudar a responder cuestiones estratégicas: qué capacidades debe desarrollar la empresa, qué procesos pueden automatizarse, cómo convertir los datos en un activo diferencial o cómo integrar las nuevas tecnologías en el modelo de negocio. En palabras de los expertos, las empresas son hoy, en gran medida, software, y esa realidad sitúa al CIO en una posición cada vez más relevante.

Precisamente por esa visión transversal, varios de los ponentes apuntaron que los futuros directores generales procederán cada vez con mayor frecuencia del ámbito tecnológico. No por su conocimiento técnico, sino por su capacidad para conectar estrategia, negocio y tecnología desde una visión global de la organización, lo que refuerza el valor del perfil híbrido.

La inteligencia artificial como acelerador del cambio

La inteligencia artificial estuvo presente durante buena parte del debate, aunque desde una perspectiva muy distinta a la habitual. Más que una tecnología concreta, fue presentada como un acelerador de una transformación que ya estaba en marcha y que afecta directamente a la forma en que las empresas generan conocimiento, toman decisiones y desarrollan su estrategia, actuando como catalizador del cambio.

En este contexto, Manuel Monterrubio introdujo el concepto de «Inteligencia Barata» para describir la posibilidad de acceder a capacidades de análisis, elaboración de informes o procesamiento de información a un coste extraordinariamente reducido. Más allá del componente tecnológico, los participantes defendieron que esta nueva capacidad debe entenderse como un recurso estratégico que compete directamente al CEO y al conjunto del comité de dirección, consolidando una nueva ventaja competitiva.

Todo ello obliga también a replantear la planificación empresarial. En un entorno donde el cambio avanza más rápido que los tradicionales ciclos estratégicos, las organizaciones deben sustituir los planes rígidos por modelos capaces de aprender, adaptarse y evolucionar continuamente, apostando por la adaptabilidad organizativa.

Adaptabilidad, resiliencia y liderazgo humano

El debate también puso el foco en algunos de los grandes retos que marcarán la evolución de las organizaciones durante los próximos años. La incertidumbre geopolítica, la necesidad de reforzar la soberanía digital, la ciberresiliencia o el impacto energético asociado al crecimiento de la inteligencia artificial configuran un escenario cada vez más complejo para empresas e instituciones, definiendo un entorno de alta incertidumbre.

Frente a esa realidad, los expertos coincidieron en que la ventaja competitiva ya no dependerá únicamente de disponer de la mejor tecnología, sino de la capacidad de las organizaciones para adaptarse con rapidez, aprender de forma continua y responder con agilidad a un entorno en permanente transformación, destacando la importancia de la resiliencia organizativa.

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Asociación @aslan
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