¿Cuáles son los principales desafíos a los que detectáis que se enfrentan vuestros clientes?
Las empresas están gestionando una transformación sin precedentes. Por un lado, deben acelerar sus procesos de digitalización, adoptar nuevas tecnologías y responder a las exigencias de negocio con mayor agilidad. Por otro, se enfrentan a un contexto cada vez más complejo desde el punto de vista regulatorio, geopolítico y de ciberseguridad.
Entre los principales desafíos que observamos destacan la necesidad de reforzar la ciberresiliencia, proteger entornos cada vez más distribuidos, garantizar la soberanía de los datos y cumplir con normativas como NIS2. A ello se suma la creciente complejidad derivada de la adopción de servicios cloud, la expansión del puesto de trabajo digital y la incorporación de la inteligencia artificial en los procesos corporativos.
De hecho, según nuestro último estudio sobre ciberresiliencia, el 50% de las empresas españolas reconoce que sus estrategias siguen estando demasiado enfocadas hacia dentro de la organización, mientras que el 57% ya ha sufrido interrupciones relacionadas con terceros o proveedores en el último año. Esto refleja la necesidad de ampliar la resiliencia más allá del perímetro tradicional y abordar los riesgos asociados a ecosistemas cada vez más interconectados.
En este escenario, las empresas y las Administraciones Públicas necesitan simplificar sus arquitecturas tecnológicas, ganar visibilidad sobre sus activos digitales y adoptar modelos de seguridad que permitan proteger usuarios, aplicaciones y datos independientemente de dónde se encuentren.
¿Qué retos y oportunidades está generando la evolución tecnológica —especialmente en ámbitos como la digitalización y la IA?
La inteligencia artificial representa una de las mayores oportunidades de innovación y productividad de las últimas décadas. Estamos viendo cómo las organizaciones la incorporan para automatizar procesos, mejorar la toma de decisiones, optimizar operaciones y ofrecer mejores servicios a ciudadanos y clientes.
Al mismo tiempo, esta evolución obliga a replantear muchos de los modelos tradicionales de seguridad y gobernanza. La IA introduce nuevos vectores de riesgo, nuevas identidades digitales y mayores exigencias en materia de protección de datos, por lo que las organizaciones deben garantizar que su adopción se realiza de forma segura, transparente y alineada con los requisitos regulatorios.
La clave estará en encontrar el equilibrio entre innovación y control. Las organizaciones que consigan desplegar la IA con confianza, protegiendo adecuadamente los datos y aplicando políticas de acceso basadas en el riesgo, serán las que obtengan una ventaja competitiva más sostenible.
No obstante, todavía existe una importante brecha de gobernanza. El 61% de las organizaciones españolas reconoce que carece de visibilidad sobre el uso de “shadow AI”, mientras que el 46% teme la exposición de datos sensibles a través de aplicaciones públicas de IA. Además, más de la mitad de las empresas que están desplegando IA agéntica admite no contar todavía con marcos sólidos para gobernarla adecuadamente.
¿Cuáles consideras que son hoy las principales tendencias que marcarán el mercado en los próximos años?
Estamos entrando en una etapa marcada por la convergencia entre inteligencia artificial, cloud y ciberseguridad. La IA dejará de ser una herramienta puntual para convertirse en un elemento transversal presente en prácticamente todos los procesos empresariales y administrativos.
Al mismo tiempo, veremos una aceleración de modelos de seguridad basados en Zero Trust, una mayor consolidación de plataformas tecnológicas para reducir complejidad operativa y un creciente protagonismo de la automatización en la gestión de infraestructuras y operaciones de seguridad.
También cobrarán especial relevancia conceptos como la soberanía digital, la protección de los datos y la resiliencia operativa, junto con una creciente demanda de plataformas capaces de integrar seguridad, redes y protección de datos bajo un modelo unificado. Este enfoque permitirá a las organizaciones reducir la complejidad operativa, mejorar su capacidad de respuesta y garantizar la continuidad de sus servicios en un entorno geopolítico y regulatorio cada vez más incierto y dinámico.
No es casualidad que el 79% de los responsables de TI en España esté revisando actualmente su dependencia de proveedores tecnológicos extranjeros y que el 59% haya actualizado sus estrategias en respuesta a normativas como NIS2, DORA o GDPR. La regulación y la soberanía digital serán factores cada vez más determinantes en las decisiones tecnológicas y de inversión.
¿Qué factores serán clave para empresas y AAPP para mantener la competitividad y el crecimiento?
La competitividad estará cada vez más vinculada a la capacidad de innovar de forma segura. Las organizaciones que mejor aprovechen el potencial de la inteligencia artificial, los datos y la nube serán las que puedan responder con mayor rapidez a las demandas del mercado y de la ciudadanía.
Para lograrlo será fundamental invertir en talento, modernizar infraestructuras tecnológicas y adoptar arquitecturas preparadas para entornos digitales cada vez más dinámicos. Del mismo modo, la ciberseguridad debe dejar de verse como una función exclusivamente técnica para convertirse en un elemento estratégico ligado a la continuidad de negocio, la confianza y la resiliencia.
Sin embargo, muchas organizaciones siguen afrontando este reto con tecnologías heredadas: el 72% de las empresas españolas continúa dependiendo de arquitecturas tradicionales basadas en perímetro, como VPN y firewalls, y más de la mitad reconoce que su infraestructura actual limita su capacidad de respuesta ante incidentes e interrupciones. La modernización tecnológica ya no es solo una cuestión de eficiencia, sino una condición necesaria para garantizar competitividad, resiliencia y capacidad de innovación.
En el caso de las Administraciones Públicas, además, será esencial seguir avanzando en la digitalización de los servicios, garantizando al mismo tiempo la protección de la información, el cumplimiento normativo y la confianza de los ciudadanos. La transformación digital ya no consiste únicamente en incorporar tecnología, sino en hacerlo de una forma segura, eficiente y sostenible.
En última instancia, la competitividad dependerá de la capacidad de las organizaciones para combinar innovación, resiliencia y confianza. Aquellas que sean capaces de modernizar sus infraestructuras, aprovechar el potencial de la inteligencia artificial y adaptarse con rapidez a los cambios regulatorios estarán mejor posicionadas para crecer en un entorno cada vez más digital, exigente y competitivo.










