La época en que el dato era una pieza más dentro de los sistemas informáticos ha quedado en el olvido. En la actualidad se ha convertido en un activo estratégico que permite tomar decisiones basadas en evidencia y anticipar el futuro.
El gobierno del dato es el enfoque organizativo que garantiza que el tratamiento de la información se haga de forma coherente, segura y de acuerdo a la criticidad determinada por la empresa.
Para que sea eficaz, necesita un sistema bien diseñado: roles definidos, políticas de calidad, seguridad y uso, gestión del ciclo de vida del dato, monitorización y auditoría continua y una cultura corporativa centrada en él.
La credibilidad de las compañías se ve influida por la manera en que tratan los datos: la confianza en cómo se utilizan y protegen marca la diferencia entre firmas resilientes y las que no lo son.
De la misma forma que la arquitectura urbana bien diseñada permite el funcionamiento de una ciudad, el gobierno del dato construye una estructura invisible que da la posibilidad de personalizar servicios, optimizar procesos e identificar oportunidades antes que la competencia.
Por otro lado, la responsabilidad digital se ha convertido en una exigencia de las organizaciones debido, en gran parte, a normativas como el RGPD en Europa y la CCPA en Estados Unidos, que obligan a las empresas a informar con claridad sobre qué datos recogen, con qué fin, y cómo garantizan los derechos de los usuarios; o a estándares como la ISO/IEC 27001 y la Guía UNE 0085, que establecen un marco para gestionar la seguridad de la información. Las buenas prácticas que se destacan son:
-Consentimiento informado y revocable para el tratamiento de datos personales.
-Evaluaciones de Impacto y análisis de riesgos en proyectos de Big Data.
-Anonimización y seudonimización como medidas de protección para reducir el riesgo de identificación indebida.
-Transparencia en el uso de datos y derechos del usuario.
Cuando una compañía integra en sus cimientos operativos el gobierno del dato, los beneficios se extienden a todo el conjunto: los procesos se agilizan, se obtiene información fiable para la toma de decisiones y mejora la reputación de la firma al demostrar una gestión responsable y sostenida. En una realidad en la que cada decisión deja huella, es imprescindible contar con una base sólida que permita mantener, sin fisuras, todo lo demás.







