En Transportes Urbanos de Sevilla (TUSSAM), calcular el calendario anual de los conductores puede requerir dos meses de procesamiento continuo. Es una de las muchas operaciones que debe resolver diariamente una empresa pública que gestiona más de 50 líneas de autobús, con numerosas variaciones de servicio a lo largo del año. El ejemplo, compartido por su responsable de Informática, Óscar Rodríguez Labrador, ayuda a entender hasta qué punto la tecnología resulta determinante para el funcionamiento de organizaciones cuya actividad depende de cientos de decisiones y procesos interconectados.
La complejidad es distinta en una empresa de distribución de recambios, una cadena de clínicas dentales o una universidad pública, pero todas comparten una preocupación: cómo aprovechar las nuevas capacidades digitales sin perder el control sobre sus operaciones, sus datos y sus sistemas. La llegada de la inteligencia artificial añade posibilidades, aunque también obliga a revisar algunas cuestiones que siguen sin estar completamente resueltas.
Estas fueron algunas de las reflexiones del coloquio «Retos y oportunidades en Andalucía», organizado por la Asociación @aslan el 22 de octubre en Sevilla, como cierre del Foro Tecnológico «Agentes IA, resiliencia, soberanía digital…? Evolucionamos». El encuentro reunió a directivos TIC de Corporación Jiménez Maña, Clínicas Dental Company, Universidad Pablo de Olavide, TUSSAM e INPRO, que abordaron desde sus respectivas experiencias los desafíos de la transformación digital en empresas y administraciones públicas.
Para Corporación Jiménez Maña, una empresa familiar con casi 90 años de historia y cerca de un millar de empleados, la digitalización está estrechamente relacionada con los cambios que atraviesa el sector de la automoción. La llegada de nuevas marcas, la electrificación y la creciente presencia de electrónica y software en los vehículos han multiplicado el número de referencias de recambios y complicado su identificación.
Miguel del Valle de Gracia, director de Tecnología, Innovación y Sistemas de la compañía, explicó que una de sus prioridades es ayudar a los talleres mecánicos a identificar correctamente las piezas que necesitan. Acertar a la primera reduce devoluciones, evita retrasos en las reparaciones y mejora el servicio al cliente. La formación técnica de los talleres y la automatización de tareas internas completan una estrategia en la que la tecnología responde a problemas muy concretos del negocio.
Con casi la mitad de sus ventas realizadas a través de canales digitales, la empresa está trabajando en la implantación de un CRM, un nuevo sistema de gestión de almacén y mecanismos para compartir información con otros actores de su cadena de suministro. También explora aplicaciones de IA para asistir a los talleres, mejorar la previsión de demanda de los recambios menos habituales y facilitar los diagnósticos.
En Clínicas Dental Company, el desafío ha sido acompañar un crecimiento muy rápido. La compañía ha pasado de 47 a 150 clínicas en apenas cuatro años, una expansión que ha exigido multiplicar su capacidad de gestión sin incrementar en la misma proporción sus estructuras y recursos.
Su CIO y director de Sistemas, David del Río, explicó cómo la automatización de procesos y la conexión entre aplicaciones de gestión han permitido sostener esa evolución. Sin embargo, advirtió de un problema frecuente: cuando se automatiza una parte de un proceso, el cuello de botella no siempre desaparece. En ocasiones, simplemente se traslada a la siguiente fase, donde los sistemas o los equipos todavía no están preparados para asumir el nuevo ritmo de trabajo.
Ambas experiencias apuntan a una misma necesidad: conocer bien los procesos antes de introducir nuevas herramientas. La automatización puede ahorrar tiempo y recursos, pero sus beneficios dependen de cómo se relacionan las distintas actividades y de la capacidad de las organizaciones para adaptar su funcionamiento.
La calidad de la información fue una de las cuestiones que más consenso generó entre los participantes. Las posibilidades de la IA para interpretar datos, anticipar necesidades o ejecutar tareas pierden buena parte de su valor cuando la información de partida contiene errores, está desactualizada o carece de una estructura adecuada.
Miguel del Valle insistió en que los proyectos de inteligencia artificial deben empezar por la gobernanza del dato. En su opinión, no basta con disponer de herramientas capaces de procesar grandes cantidades de información: es necesario determinar quién responde de su calidad, cómo se mantiene actualizada y qué áreas de negocio participan en su gestión.
David del Río planteó una reflexión similar desde la experiencia de Dental Company. Aplicar automatización o inteligencia artificial sobre procesos desordenados puede acelerar las operaciones, pero también multiplicar sus problemas. Antes de introducir nuevos sistemas, resulta necesario revisar cómo circula la información entre las diferentes aplicaciones y quién interviene en cada etapa.
En el ámbito universitario, la Universidad Pablo de Olavide está abordando este reto mediante la coordinación de sus iniciativas de inteligencia artificial. Fátima Romero Avilés, jefa de Servicio de Redes y Equipamiento, explicó que la institución trabaja en la creación de una comisión específica para ordenar los proyectos que surgen desde diferentes departamentos y grupos de investigación, evitando desarrollos aislados y estableciendo criterios comunes.
Entre las aplicaciones previstas figura el uso de IA para documentar y optimizar el código de más de 80 aplicaciones propias. Una tarea especialmente interesante porque pone estas tecnologías al servicio del mantenimiento de sistemas existentes, un trabajo poco visible, pero imprescindible para garantizar su evolución.
La preocupación por el control de los datos también está presente en las administraciones públicas. Elena Fernández Haro, directora técnica de la Sociedad Provincial de Informática de la Diputación de Sevilla (INPRO), abordó los riesgos del uso de herramientas de IA contratadas individualmente por los empleados, al margen de las políticas y mecanismos de seguridad corporativos.
Para responder a esta situación, INPRO está desarrollando políticas de utilización y probando soluciones de prevención de pérdida de datos (DLP) que permitan supervisar qué información sale de sus sistemas. La cuestión resulta especialmente delicada en organismos públicos, donde el uso de datos y las decisiones automatizadas están sujetos a exigencias de protección, transparencia y responsabilidad.
La evolución de las aplicaciones y los servicios obliga también a modernizar las infraestructuras que los soportan. Las redes, los centros de datos y las plataformas cloud deben responder a mayores necesidades de procesamiento, disponibilidad y seguridad, mientras muchas organizaciones continúan operando con sistemas desarrollados hace años.
La Universidad Pablo de Olavide, por ejemplo, está renovando su red Wi-Fi, sustituyendo una arquitectura centralizada y obsoleta por un modelo gestionado en la nube con capacidades inteligentes. La institución también trabaja en la modernización de su infraestructura troncal y en la evolución del puesto de trabajo, con herramientas de colaboración y acceso remoto a aplicaciones académicas. Todo ello en un escenario de limitaciones presupuestarias que obliga a seleccionar cuidadosamente las inversiones.
En TUSSAM, Óscar Rodríguez Labrador describió un proceso de modernización que incluye la renovación del centro de datos, la actualización de los sistemas de respaldo y la utilización de automatización robótica de procesos (RPA) en tareas relacionadas con el mantenimiento y la limpieza de la flota.
La empresa pública está revisando además su estrategia de digitalización para superar la fragmentación de aplicaciones y servicios. El objetivo es disponer de un entorno más integrado, en el que la información pueda circular entre los diferentes sistemas y facilite tanto la planificación como la gestión diaria del transporte urbano.
El caso de INPRO añade una dimensión territorial. La sociedad provincial presta servicios tecnológicos a los municipios sevillanos, muchos de ellos con recursos limitados para desarrollar sus propias infraestructuras digitales. Su modelo se apoya en plataformas compartidas, servicios centralizados y una red de comunicaciones que permite conectar a las administraciones locales.
El nuevo contrato de la Red Tarsis, por un importe de 9,4 millones de euros durante cinco años, contempla mejoras en el núcleo de comunicaciones, la conectividad y los mecanismos de respaldo. Entre las actuaciones previstas destaca la incorporación de comunicaciones satelitales de órbita baja (LEO), destinadas a evitar que determinados municipios puedan quedar aislados ante incidencias o condiciones meteorológicas adversas.
La continuidad de los servicios constituye una prioridad para estas organizaciones, pero exige algo más que mantener disponibles las infraestructuras. También resulta necesario protegerlas frente a ciberataques, disponer de mecanismos de recuperación y reducir las dependencias que puedan comprometer su funcionamiento.
En este ámbito, los participantes coincidieron en la importancia de incorporar la seguridad desde las primeras fases de los proyectos. La proliferación de conexiones entre aplicaciones y el creciente uso de APIs amplían las posibilidades de integración, pero introducen nuevos puntos de exposición que deben protegerse y supervisarse.
La incorporación de inteligencia artificial plantea además preguntas sobre los límites de la automatización, especialmente cuando los sistemas adquieren capacidad para actuar por sí mismos.
TUSSAM ya utiliza herramientas de IA generativa en determinados servicios de atención ciudadana y comunicación de incidencias. Sin embargo, Óscar Rodríguez mostró una actitud prudente respecto a los agentes autónomos. Antes de permitir que ejecuten operaciones sin intervención humana directa, considera necesario establecer permisos limitados, mecanismos de revocación y controles que permitan conocer qué acciones realizan y bajo qué responsabilidad.
La trazabilidad de estas operaciones y la gestión de identidades no humanas se incorporan así a las preocupaciones de los responsables TIC. La cuestión no se limita a proteger los sistemas frente a accesos indebidos, sino que afecta también a la posibilidad de supervisar las decisiones automatizadas y determinar quién responde por sus consecuencias.
INPRO afronta dificultades adicionales derivadas de la contratación pública. Elena Fernández explicó que resulta especialmente complejo redactar pliegos y presupuestar servicios tecnológicos cuyo consumo depende de variables difíciles de anticipar, como ocurre con determinadas aplicaciones de inteligencia artificial. La rapidez de la innovación contrasta con procedimientos administrativos que requieren definir previamente las prestaciones y los costes.
A estos condicionantes se suma el factor humano. En Dental Company, David del Río destacó la importancia de acompañar a los trabajadores durante los procesos de automatización. Los cambios pueden generar incertidumbre sobre el futuro de determinadas funciones, y conseguir que los profesionales participen en ellos exige comunicación, formación y una gestión adecuada de las expectativas.
La capacitación también ocupa un lugar importante en la Universidad Pablo de Olavide, que participa en iniciativas como AI4Uni, orientada a extender el conocimiento y el uso responsable de la inteligencia artificial en el ámbito universitario.
Los responsables tecnológicos se encuentran, por tanto, ante un trabajo cada vez más amplio. A sus funciones tradicionales de gestión de infraestructuras y aplicaciones se añaden responsabilidades relacionadas con el gobierno de los datos, la ciberseguridad, la coordinación entre departamentos y la evaluación del impacto de las nuevas tecnologías sobre la actividad de las organizaciones.
Las experiencias compartidas en Sevilla muestran que las prioridades pueden ser muy diferentes entre una empresa de distribución, una cadena de clínicas, una universidad o una administración pública. Sin embargo, todas necesitan resolver problemas similares antes de aprovechar plenamente las oportunidades de la inteligencia artificial: integrar sistemas, ordenar la información, proteger sus operaciones y preparar a las personas para nuevas formas de trabajar.
La tecnología ofrece cada vez más posibilidades, pero elegir dónde utilizarla, cómo hacerlo y quién debe asumir su gobierno sigue siendo una decisión que corresponde a las organizaciones. Y es precisamente en esas decisiones donde se juega buena parte del éxito de su transformación digital.











