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Articulo de Opinión
  • Un paso más hacia una sanidad conectada y sin papeles.

  • 30/11/2012 - Rames Sarwat. Director General. SMARTACCESS

  • Durante los juicios de Nüremberg, celebrados entre 1945 y 1946, se juzgaron a un grupo de 24 doctores por realizar experimentos en prisioneros de guerra en los campos de concentración nazi durante la Segunda Guerra Mundial.


  • Valoración.

  • A raíz de este juicio se creó en 1947 el Código de Nüremberg que establece los principios que han de regir en la experimentación con seres humanos. El código está formado por diez puntos entre los que se incluye el Consentimiento Informado (CI) y cuya finalidad era garantizar el derecho legal de toda persona a decidir libremente sobre su participación en un experimento médico.


    En la actualidad, el Consentimiento Informado es un proceso de relación entre el profesional sanitario y paciente. El paciente recibe del profesional sanitario una información comprensible y suficiente que le permite participar en las decisiones respecto a su diagnóstico y tratamiento, garantizando su libertad en la toma de decisiones que afectan a su salud. 
     

    En aquellos procedimientos que implican riesgos significativos para la salud del paciente, el proceso debe ser presentado por escrito dando lugar al Formulario de Consentimiento Informado (FCI).  El FCI es específico para el paciente y su tratamiento, y debe estar firmado y fechado tanto por el profesional sanitario como por el paciente o su representante legal y una copia del formulario de consentimiento firmado estará siempre disponible para el paciente y para su médico.
     

    Los hospitales y clínicas, públicos y privados, gestionan hoy millones de estos documentos para cumplir con la legislación vigente. En muchos centros sanitarios, el FCI es hoy un documento en papel, que debe ser impreso y posteriormente firmado. Por lo general, después de su firma el documento se envía para su digitalización con el fin de ser anexado a la historia clínica electrónica del paciente y el original en papel a un archivo físico para su custodia.
     

    La gestión de los FCI requiere dedicación de recursos administrativos e implica ciertos riesgos para el centro relacionados con su extravío o deterioro, error en su indexado y dificultad de control para asegurar que se cumple con esta obligación. Al mismo tiempo obliga a mantener costosos archivos físicos de documentos. La transformación del FCI en un documento electrónico supone ventajas desde el punto de vista de costes, seguridad y eficiencia en su gestión pero se encuentra con el desafío de su firma.
     

    Aunque desde hace tiempo es posible la firma digital de documentos electrónicos, para ser una firma legal en España requiere que los firmantes dispongan de un certificado digital emitido por una autoridad de certificación reconocida.
     

    Se trata por tanto de encontrar un método que cuenten con validez suficiente desde el punto de vista legal para la firma de los FCI en formato electrónico y al mismo tiempo sea universal y fácil de utilizar para todos los pacientes.
     

    El DNI electrónico es sin duda una alternativa a valorar dado que hasta la fecha se han emitido más de 31 millones y que contiene un certificado digital, pero hay que tener en cuenta que el uso de su faceta electrónica es todavía muy bajo, no toda la población dispone de él y en el ámbito sanitario se atienden a muchas personas que o bien no disponen de él (p.e. extranjeros) o bien no saben o quieren usarlo (p.e. personas mayores).
     

    La firma digitalizada con parámetros biométricos (firma biométrica) se basa en la firma manuscrita de una persona realizada sobre un dispositivo con pantalla táctil que durante la firma registra parámetros como la velocidad y presión.
     

    A partir de estos datos capturados, un algoritmo matemático genera un patrón caligráfico único para cada persona que permite verificar en cualquier momento que esa persona y sólo ella ha firmado ese documento. Estos algoritmos se basan en la traslación al mundo digital de las técnicas empleadas desde hace años por los peritos calígrafos con el fin de determinar la autoría de una firma en papel y su validez desde el punto de vista legal como método de firma.
     

    Mediante la combinación de algoritmos biométricos y la firma digital es posible conseguir un método de firma universal de FCI en formato electrónico que pueda ser firmado de forma  similar a como se firma hoy en formulario en papel y con validez legal en caso de disputa. Esta validez legal ha sido constada a través de estudios realizados por prestigiosos despachos de abogados y por peritos calígrafos independientes.
     

    La gestión de los FCI en formato electrónico permite un ahorro de costes significativo con un retorno de su inversión, en la mayoría de los casos, en un periodo inferior a un año además de mejorar el cumplimiento legislativo y normativo y proporcionar mayor eficiencia al proceso.
     

     


  • Más Información: http://www.smartaccesscorp.com/